La droga

a blanca e impoluta hoja de papel se mostraba irreverente y desafiante ante mí. No sabía qué escribir. Cómo definir nuestro amor, en qué criterio me basaría. Acaso ha existido algo parecido al conjunto de sentimientos que hemos compartido. Y, aunque sea capaz de reflejar en el papel aunque sea una ínfima parte de la más esquiva y gratificante sensación. Acaso sería capaz, con todo mi esfuerzo, de quebrantar un solo eslabón de la cadena que me ata a la placentera condena de haber sido suyo y ser así libre.

Así pues, la noche llega. La oscuridad siempre es complaciente y taciturna, solo escucha mis lamentos. Soy yo quien intenta domar mi tormento. Se acumulan, arrugadas las hojas a mí alrededor escondiendo entre cada uno de sus pliegues la tenaz amargura, fruto de la ansiedad y desespero por saciar la adicción que provoca en mí su cuerpo.

Otro trago, otro cigarrillo. El whiskey y el tabaco, irónicamente, me recuerdan cuan fútil es mi intento por abandonar la cordura. A pesar de la vehemencia con que bebo y fumo, no puedo embarcarme en la embriaguez de catártica amnesia. No existe nada que despeje mi mente y me lleve al trance del olvido. No puedo arrinconar y desaparecer las dosis de placer que ella me ha ungido con solícita devoción, son estigmas aún candentes en mi interior.

Ni el enrarecido aire, ni la bebida esparramada sobre la mesa han manchado la última hoja de papel que estoica y jactanciosa me doblega con su blancura. Siento que he perdido la batalla, los estragos se notan mientras el albor penetra pesadamente en la estancia, humillándome al mostrarme los estragos de mi desvelo con su lento e inclemente caminar. No conseguiré mi libertad, jamás podré abstraer algo tan holístico para plasmarlo en mundanas palabras y desahogar este padecimiento. Forzosamente reconozco que sin ella o con ella siempre seré una ruina.

Cojo el bolígrafo y, consciente de que la sentencia ya está dictada, escribo, “tu amor es como una droga”.

Ya ha amanecido. El día siempre es implacable y ruidoso… Otro trago, otro cigarrillo.

2 Comentarios:

Jaki dijo...

Tus palabras tienen un poder absorvente sobre mis ojos, es como que cada letras, cada conjugación me lleva a un lugar diferente del cual me encuentro, me invita a conocer otros pensamientos que quizás no me son tan extraños. Es raro, leo mucho, de variada calidad, pero esta embriaguez que generan las palabras pocas veces la he sentido. Y es agradable, ese viaje hacia otras fronteras de la mente, es una interesante experiencia.

¿Por qué dices que yo tendré suerte en conseguir enamorarme? Suelo ser la excepción que confirma la regla que dice "mala suerte en el amor, suerte en el juego" No tengo ni una ni otra. Pero bueno. Me cuesta enamorarme, principalmente porque no me permito enamorarme de aquel que no me ama. Ya lo he vivido, ya lo he sufrido. Cuando digo que este invierno si quiero, es buscando a otras persona que también me quiera. No sirve de un sólo lado, sino.
Asi que veremos, cualquier novedad, ya sé donde encontrarte. Besos.

Jaki dijo...

Entendí a que tipo de amor te referías. También entendí que me consideras una mujer con potencial. Pero lamentablemente, ni mi talento ni mi espiritualidad me han servido de mucho con los hombres que he conocido. Por lo general, estas aptitudes son apreciadas y elogiadas, pero en relaciones amistosas y no mucho más que eso.
Puede que tenga que ver con la persona adecuada, no sé adecuada para quién seré, o quién sería adecuado para mi. Son cosas que no se saben hasta que suceden, así que mejor no quemarnos la cabeza con esa pregunta ahora.
Y ten algo de autoestima, tú también tienes tus atrayentes magnéticos.
Besos para ti también.

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