
Todo bien hasta ahí, pero lo que verdaderamente me caló hondo es una frase del personaje de Morgan Freeman (Carter Chambers) que pronuncia mientras describe un poco su vida. El personaje comenta que, mientras estaba en la universidad, su novia queda embarazada de él y eso le obliga a renunciar a sus estudios en pos de mantener a su familia. Gracias a los años que corren, siendo negro y pobre, no le queda otra, dada la desesperación, que trabajar en lo primero que encontró, en un taller mecánico. Desaprovechado así, como demuestra durante de toda la película, de un gran potencial intelectual. Es entonces cuando, después de un breve silencio, dice que siempre quiso volver a estudiar pero que 45 años le pasaron volando. Esa frase me hizo padecer una extraña empatía por él, además de cierta aflicción y pesadumbre.
Siempre he escuchado de gente mayor que el tiempo pasa volando. Pero cuando somos adolescentes, y dada la ansiedad que nos caracteriza y gracias a todas las cosas que queremos probar, nos parece todo lo contrario. Pero es así, y sé que aún soy demasiado joven con 23 años para poder decirlo. Sin embargo hace más de 6 años que llegué a España y todavía me parece que fue ayer. Entonces me pregunto a dónde ha ido a parar tanto tiempo. En efecto, me doy cuenta que el tiempo pasa volando.
Lo peor no sería que el tiempo fuera tan raudo al pasar a nuestro lado. Sino la desidia que se apodera cada vez más de uno, para luego preguntarse dónde están los logros y los sueños realizados. Es inevitable sentir un profundo resentimiento porque todos somos capaces de grandes hazañas y, a diferencia de otros menos afortunados, tenemos casi todas las oportunidades de conseguirlas. Aún así, sabiendo eso, desaprovechamos el tiempo.
Hace tan solo unos días más de medio mundo, lleno de júbilo y optimismo, recibía al nuevo presidente norteamericano Barack Obama. Sus palabras, en el discurso inaugural, hablan de un difícil nuevo comienzo después de casi una década de inamovilidad. Hablan de la grandeza por conseguir y que para ganársela no existen atajos, ni caminos fáciles y que ese camino solo esta hecho para los audaces, los activos, los trabajadores. Hablan de la actitud ante los mayores problemas y miedos; con la frente en alto, con valentía, esperanza y virtud. Palabras llenas de sabiduría, de espíritu individual y colectivo. Palabras que, independientemente de nuestra tendencia política (sí es que se tiene) debemos recordar siempre.
Ya que solo así se llega a las metas que muchos aspiramos en sueños; creando oportunidades y aprovechando al máximo las existentes. Para que cuando los años hayan pasado y pensemos en ellos como fugaces, al menos no nos quede el amargo sabor de boca de que fueron años dominados por la apatía y las decepciones.
Para terminar, e intentar no romper las tradiciones, os dejo un bonito pensamiento sobre la voluntad. Una visión de la determinación que todos deberíamos considerar aplicar a nuestras vidas y ante cualquier objetivo que nos propongamos.
La voluntad es una potencia, y, considerada en sí, es un bien. Uno admira la fijeza de la resolución que, una vez tomada, persiste invencible al choque del dolor físico, a la atracción de seducciones exquisitas, a todas las variedades de la experiencia que, por la violencia o la dulzura, por el trastorno del espíritu o por el debilitamiento del cuerpo, actúan para derrotarla.Hippolyte Taine. Filosofía del arte.