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El corazón

La noche ha llegado. El bullicio incesante de la ciudad ha concluido. Lejos está el ruido de las bocinas, las conversaciones en la calle, la personas trabajando. La calma llega a la ciudad y a mí. Respiro al mismo ritmo que ella. Nuestros latidos apenas se escuchan. Somos un uno.

Delante mi reposan con la misma calma, hojas de papel ansiosas por devorar palabras y el bolígrafo que les alimentará, una cajetilla de cigarrillos John Player blanco por estrenar y una botella de Marqués de Cáceres recién descorchada. La trompeta de Miles Davis, con tan bajo volumen, apenas es perceptible. Pero aún así su melodía acaricia mi alma con especial dulzura como un pañuelo de seda rojo sangre sobre mi piel. Kind of Blue se llama el disco, Flamenco Sketches la canción.

Es curioso, desde hace mucho tiempo que no enciendo un cigarrillo. No lo hago por la adicción de la nicotina o el efecto tranquilizador que puede otorgarme el aspirar el cancerígeno humo del tabaco. Lo hago para, como en antaño, organizar mis ideas. En cierto modo, al realizar la primera calada, la tormenta de mis pensamientos se disipa. El caos se convierte en orden. Con lo que puedo apilar mis problemas, inquietudes, recuerdos… en el orden que yo desea. Categorizarlos, darles nombre, buscarle solución. De una forma u otra, el cigarrillo solo es una escusa para intentar que mi mente pueda respirar en paz.

Una vez más me encuentro, al igual que cientos de veces antes, en calidad de paciente y psicólogo. Soy quien, con sardónica mirada, contempla al enfermo retorcerse de problemas prosaicos y triviales que poco me importan. Anoto con hastío en mi libreta las miserables desventuras de alguien quien pide a gritos un estímulo. Y soy quien, acostado en un diván, relata, buscando complicidad y compasión de cualquiera, las angustias que creo que son demasiado trascendentes entre los problemas del mundo. Mientras clamo a gritos, con lágrimas de impotencia en los ojos, que éste gire a mí alrededor y se compadezca de mí.

La hora de terapia finaliza, mientras el cigarrillo va por la mitad, y ya los problemas de mi vida han sido identificados. Con especial diligencia, busco soluciones para cada unos de ellos. A cada carpeta le añado, como nota final, cual es la panacea de mi enfermedad. Identifico, anoto, etiqueto y archivo. Una y otra vez repito el proceso para cada uno de mis pensamientos. Mentalmente ordeno el desastre de años. Limpio el polvo, abrillanto cada esquina, cada rincón. Miro satisfecho el resultado de mi limpieza. Me doy unas palmaditas en el hombro y cierro la puerta con anhelo de que al cumplir otro año este cuarto, un universo de contradicciones, este igual de inmaculado.

Al acabar, hago el balance general. Listas mentales de pros y contras de mis objetivos, metas y decisiones tomadas y por tomar. Listas mentales de todo lo que hacer y el tiempo que tardaré en conseguirlo. Listas mentales de objetivos a corto, medio y largo plazo. Listas de ganancias y pérdidas en todas las decisiones de varios años. Es agotador y apenas me queda un cuarto de cigarrillo. Pero me esfuerzo. Trato de ser objetivo, estricto, perfeccionista. Evito a toda costa auto compadecerme. Me digo la verdad y me recrimino por los mediocres resultados de tanto tiempo de dejadez. El sermón que me suelto resuena por todos confines de mi cabeza. Soy cruel, pero me lo merezco. Puedo hacer más y lo sé.

Abro los ojos y el cigarrillo se ha acabado. He logrado enfrentarme a quien es mi mejor aliado pero a la vez mi peor enemigo. Aliviado y suspirando me sirvo una copa de vino y me pregunto por qué no había hecho esto desde hace tanto. No entiendo por qué había dejado ser la víctima del sádico trío sopor, letargo y apatía. Quizá me odiara a mi mismo o quizá no encontraba un estímulo para vivir. No lo sé y tampoco importa. Solo sé que esto me lo debía desde hace tiempo. Organizarme, mentalizarme, darme la ruta a la cumbre, ese es mi regalo. Alzo la copa al aire y digo en voz alta, para mi propio deleite, feliz cumpleaños José. Bebo toda la copa.

Enciendo otro cigarrillo, esta vez para auto complacerme. Vuelvo a entrar dentro de mí sin miedo de esperar otra confrontación. Si hago todo bien, dicha confrontación no será más nunca necesaria. Accedo con ansias adolecentes a donde reside mis sentimientos; el corazón. Me encuentro con la sorpresa de que la maquinaria se ha puesto en marcha después de tantos años en desuso. Me he vuelto a enamorar, pensé. Así que es por esto por lo que he vuelvo a la vida, digo para mí, por el amor. No toco nada, dejo que el mecanismo marche sin trabas ni contenciones. Quiero dejarme llevar por mis sentimientos. Poco importa si son demasiado intensos, si llegan a ser muy placenteros y felices o muy tormentosos y dolorosos. Ellos son los que me indicarán de ahora en adelante si estoy vivo o no, si estoy en coma o despierto.

Se acaba el segundo cigarrillo. Tiró los que quedan a la basura. Me sirvo otra copa de vino y me acerco a la ventana a contemplar mi ciudad que descansa serena de un día entero de esfuerzo. El brillo de la luna se refleja en los cristales de los edificios. Su resplandor dota de un toque onírico a las calles. Lo que antes era tinieblas ahora es luminiscencia. La leve brisa veraniega me invita a explorar todo aquello que está más allá del horizonte. No me lo pienso. La llama en mi interior, avivada por un corazón que vuelve a rugir apasionado, me convence de no perder un minuto más estando inmóvil. Me siento fuerte como un oso, me digo. Me marcho de aquí pensando que solo me resta buscar a mi amada, perderme en su cuerpo, perderme en el mundo... vivir la vida.

Vivir mucho y vivir con gusto es vivir por dos y fruto de la paz
Baltasar Gracián. Oráculo Manual

Vivir es sentir la vida; es tener sensaciones fuertes.
Henri Beyle, llamado Stendhal. Del amor

El tiempo

an solo hace unos minutos terminaba de ver la película de Ahora o Nunca (The Bucket List) protagonizada por Jack Nicholson y Morgan Freeman. De la película hablaré más bien poco ya que en Internet hay cientos de página con críticas y demás. En sí la película trata, con un gran toque sensiblero, de los últimos meses de dos señores mayores con una enfermedad terminal y de cómo obtienen un gran mensaje para finalizar sus vidas siendo felices. Todo ello intentando cumplir con una lista de deseos, un recuento de todas las cosas que querían hacer, ver y experimentar en la vida antes de morir, que les lleva a recorrer el mundo y probar distintas experiencias.

Todo bien hasta ahí, pero lo que verdaderamente me caló hondo es una frase del personaje de Morgan Freeman (Carter Chambers) que pronuncia mientras describe un poco su vida. El personaje comenta que, mientras estaba en la universidad, su novia queda embarazada de él y eso le obliga a renunciar a sus estudios en pos de mantener a su familia. Gracias a los años que corren, siendo negro y pobre, no le queda otra, dada la desesperación, que trabajar en lo primero que encontró, en un taller mecánico. Desaprovechado así, como demuestra durante de toda la película, de un gran potencial intelectual. Es entonces cuando, después de un breve silencio, dice que siempre quiso volver a estudiar pero que 45 años le pasaron volando. Esa frase me hizo padecer una extraña empatía por él, además de cierta aflicción y pesadumbre.

Siempre he escuchado de gente mayor que el tiempo pasa volando. Pero cuando somos adolescentes, y dada la ansiedad que nos caracteriza y gracias a todas las cosas que queremos probar, nos parece todo lo contrario. Pero es así, y sé que aún soy demasiado joven con 23 años para poder decirlo. Sin embargo hace más de 6 años que llegué a España y todavía me parece que fue ayer. Entonces me pregunto a dónde ha ido a parar tanto tiempo. En efecto, me doy cuenta que el tiempo pasa volando.

Lo peor no sería que el tiempo fuera tan raudo al pasar a nuestro lado. Sino la desidia que se apodera cada vez más de uno, para luego preguntarse dónde están los logros y los sueños realizados. Es inevitable sentir un profundo resentimiento porque todos somos capaces de grandes hazañas y, a diferencia de otros menos afortunados, tenemos casi todas las oportunidades de conseguirlas. Aún así, sabiendo eso, desaprovechamos el tiempo.

Hace tan solo unos días más de medio mundo, lleno de júbilo y optimismo, recibía al nuevo presidente norteamericano Barack Obama. Sus palabras, en el discurso inaugural, hablan de un difícil nuevo comienzo después de casi una década de inamovilidad. Hablan de la grandeza por conseguir y que para ganársela no existen atajos, ni caminos fáciles y que ese camino solo esta hecho para los audaces, los activos, los trabajadores. Hablan de la actitud ante los mayores problemas y miedos; con la frente en alto, con valentía, esperanza y virtud. Palabras llenas de sabiduría, de espíritu individual y colectivo. Palabras que, independientemente de nuestra tendencia política (sí es que se tiene) debemos recordar siempre.

Ya que solo así se llega a las metas que muchos aspiramos en sueños; creando oportunidades y aprovechando al máximo las existentes. Para que cuando los años hayan pasado y pensemos en ellos como fugaces, al menos no nos quede el amargo sabor de boca de que fueron años dominados por la apatía y las decepciones.

Para terminar, e intentar no romper las tradiciones, os dejo un bonito pensamiento sobre la voluntad. Una visión de la determinación que todos deberíamos considerar aplicar a nuestras vidas y ante cualquier objetivo que nos propongamos.

La voluntad es una potencia, y, considerada en sí, es un bien. Uno admira la fijeza de la resolución que, una vez tomada, persiste invencible al choque del dolor físico, a la atracción de seducciones exquisitas, a todas las variedades de la experiencia que, por la violencia o la dulzura, por el trastorno del espíritu o por el debilitamiento del cuerpo, actúan para derrotarla.

Hippolyte Taine. Filosofía del arte.

Sufrimiento

urante noches enteras he intentado buscar la mejor metáfora que defina la vida tratando de ser lo mas objetivo posible y no salirme así de los esquemas del librepensador que pretendo, a veces en vano, ser. Pero pienso que es inútil. No existe esa optimista metáfora que obcecadamente intento encontrar o inventar. Por eso hoy decido ser subjetivo, intransigente y mordaz, por que a veces no hay otra salida más que perder los estribos y convertirte en un adepto mas del más abyecto nihilismo.

¿Por qué ser lo contrario? Es la pregunta del millón que asola en mi cabeza. Si la realidad disfruta bofeteándome con mi entorno, para el regocijo de la “energía cósmica” (bonito eufemismo que me he inventado de dios, destino, y todo aquello superior a nosotros que puede controlarnos, que desconocemos y que reniego) que nos rodea, cuando la pantalla de humo se disipa y queda expuesta a la luz los empolvados instintos mas viles, los recuerdos mas dolorosos, las verdades mas hirientes… mi realidad.

Con la mirada abatida contemplo taciturno el desierto de mi todo, de mi vida. Y el camino que pretendo recorrer queda obstaculizado por un lóbrego manto de niebla que me envuelve en el sopor mas espeso para llevarme al sueño eterno que subconscientemente tanto deseo. Abrazado por el letargo más amable y condescendiente, cierro mis ojos y me dejo llevar por las dulces falsedades de mi interior.

Es mejor así. Ignorar la verdad de una vida donde la única y verdadera esencia humana es el sufrir. El sufrimiento, la idea más justa y más equitativa con cada uno de nosotros, la perfecta utopía llena de aflicción. El sufrimiento, el salario y condena por tener mentes superiores. El sufrimiento, que si no padeces es porque simplemente no eres humano.

Hoy me voy a la cama con la ilusión de dormir para siempre, observando el mundo a través de una ventana entre sueño y sueño. Pero como sé que es imposible dormir tanto, antes de dormirme desearé que cuando amanezca haya recuperado la compostura y que las optimistas cataratas de mis ojos hayan vuelto para engañarme con su holográfica apacible visión de una existencia menos amarga y de que esa feliz metáfora de la vida existe y que algún día estará a mi alcance.

El vivir

n un reconocido programa humorístico de la televisión nacional, el histriónico protagonista-presentador, a mitad de programa, con gran desasosiego e inquietud se planeta un sin fin de preguntas sobre la vida: ¿Existe el destino? ¿Somos meros personajes de un libro que ya esta escrito? ¿Es eso la vida? ¿Qué es la vida?... Sin recibir respuesta alguna decide preguntarle a alguien más competente en el tema y va hasta el consultorio de un experto consejero con el anterior arsenal de preguntas en mano. El experto le escucha pacientemente y sabiamente le responde:

¿Qué es la vida? Un fantasma que marcha; un pobre cómico que se pavonea y se agita durante la hora que dura su papel, pero del que nadie se acuerda un momento después; una historia cantada por un idiota con gran aparato y que nada significa.

Así le responde el experto citando un verso de la obra Macbeth de William Shakespeare. Pero nuestro protagonista aún desesperanzado, para su pesar, decide que le explique más, si es posible, sobre la vida. El experto coge aire y continúa:

La vida mi querido amigo, no es espantosa, ni es horrorosa, ni es terrible, ni es angustiosa. La vida… la vida es mucho peor.

Fíjate mi amigo que nacemos desnudos, húmedos y hambrientos, después la cosa empeora.

Sumido en la mayor de las desesperanzas y desolaciones nuestro personaje no hace otra cosa más que cerrar los ojos y exhalar un abatido y largo suspiro. El maestro, aún con intensión de animarle, para terminar le dice:

Mira, vivimos en un mundo de mierda y encima si hay otro dicen que lo creó el mismo que hizo este. Así pues, nos han jodido amigo.

Alejándonos un poco de la comicidad y el pesimismo del sketch y tomándonos mas enserio el tema de la vida. Voy a intentar abordar el tema de la vida, o mejor dicho el vivir, según mi criterio.

La vida es la suma de nuestro pasado (todas nuestras experiencias), nuestro presente (las decisiones que tomamos hoy en día) y nuestro futuro (las metas que nos hemos planteado). Sin experiencias no sabríamos tomar decisiones y sin metas no tendría sentido tomar esas decisiones.

Es necesario tener experiencias de todo tipo, tanto buenas como malas para saber que queremos en el futuro. Y sobre todo, según mi parecer, experiencias malas porque son las que mejores te educan.

Una vez le dije a mi amiga Angeisa que era de ilusos creer que la vida era solo felicidad. Y una muestra de ello es que la juventud de hoy en día en los países de primer mundo, sin problemas ni carencias y exclusiva complacencia, ha sido privada de aspiraciones, de coraje, de imaginación... Victimas de problemas banales y superficiales sin trascendencia en lo que se refiere a la superación y el éxito.

Por eso mismo, es necesario cometer errores y aprender de ellos para saber sortear con destreza los obstáculos de nuestro camino y jamás autocompadecernos de nuestras desgracias, sino, todo lo contrario, aprender de ellas para ser más fuerte y mejores.

De hay que mi visión de la vida es una lucha constante contra ti mismo y el mundo. Una lucha por exigirte y aprender, por mantener siempre viva la curiosidad. Una lucha por ganarle a la vida que hemos sido bendecidos por tener.

Para terminar, quiero citar un par de extractos del libro Hagakure de Tsunetomo Yamamoto que ilustran de mejor manera lo que he dicho:

Samurai de satori y no satori
En un libro de tácticas, se hace referencia a los samurais de satori y no satori. Los primeros son los que, tras atravesar una crisis, obtienen lo mejor de sus experiencia; son también los que pueden utilizar su meditación previa para resolver problemas rápidamente en caso de necesidad.

Los samurais de no satori podrán ser capaces de llegar a una solución provisional, pero ésta se habrá alcanzado únicamente gracias a la suerte.

Éxito y fracaso
Se ha dicho: «los errores pequeños no estropean un gran logro». […] Solo aquellos que han cometido algunos errores pueden asimismo acometer grandes tareas.
Roser Re

El consejero

ace tan solo un par de días, revisando mis blogs y páginas webs favoritas, me tope con una entrada un tanto inusual, inusual para la temática del blog. Me gustaría deciros que blog es, pero, prefiero no hacerlo ya que no es mi intención hacerle publicidad. Solo puedo deciros que el típico blog de consejos y demás parafernalias de autoayuda. Lo tenía enlazado porque de vez en cuando viene bien leer un poco de mensajes positivos, sin embargo, tampoco es que digan nada nuevo, es decir, nada que no sepas de antemano.

Pero, esta vez, curioseando en todas las entradas por leer (llevaba mucho tiempo si visitar ese blog), entre consejos del tipo: vive cada momento, no pierdas el tiempo, amate a ti mismo… me tope con uno en especial que esencialmente era una barrido de punzantes y virulentos insultos y blasfemias hacia el Dios católico: Yahvé. No exagero al decir que era bastante ofensivo.

Lejos de ser un fanático devoto de la idea típica de Dios. Es más, creo que mi visión de Dios y de la fé religiosa podría ser considerada por muchos practicantes cristianos como de agnóstico -aunque yo prefiero el termino de humanista-. Simplemente me pareció excesiva tantas injurias juntas y dado que es un blog y se podía comentar pues, muy respetuosamente, dejando atrás mi recurrente calidad de solo leyente, decidí aportar mi humilde opinión. La cual os trasmito.

Muy Buenas.

Leyendo tu post, según mi criterio, haces parecer que estas resentido con Dios (o la idea de un Dios) mas no una defensa a tu ateísmo. Quizá alguien cercano a ti pudo sufrir en carne propia los síntomas de una enfermedad letal o algo parecido y sus oraciones no le hayan servido para nada. Sea como sea, lo haces parecer más una descarga que una reflexión.

Es decir, opino que darle ese toque irreverente y mordaz a tu crítica, al menos para mi parecer, la desacredita como seria. He leído de muchos reputados escritores reflexiones similares a la tuya pero ninguno de ellos cayó en la bajeza de insultar lo que es creencia y devoción para otros.

Mi opinión sobre Dios y las religiones son mucho mas neutrales, opino que cada una tiene algo bueno y puro, pero sin necesidad de caer en los fanatismos como puede ocurrir también con las ideologías políticas. Que en base a esos ideales, tantos religiosos y políticas, muchos ha justificados verdaderas afrentas a lo ético y humano.

Pero no por eso maldigo e insulto a Yahvé, Ala, Buda, ni a los estilos de vida de sus creyentes. Simplemente soy objetivo y practico y destaco lo bueno y lo malo de cada religión, ideología… pero siempre dentro de los limites del respeto, porque mi forma de pensar no la comparte el resto de las personas. Tampoco digo que prefiero leer a Harry Potter antes que la Biblia porque eso demostraría que tengo unos profundos prejuicios ante todo lo religioso y eso sería un límite más que me autoimpondría. El antiguo y el nuevo testamento tiene muchos valores y moralejas que valen la pena ser leídos, al igual que el Coran y demás libros religiosos y así puedo aprender de tales filosofías y entender a sus seguidores y compartir con ellos sus visiones sin tener la necesitad de practicar su religión.

Siempre me ha parecido irónico que aquellos que se proclaman ateos y de izquierdas se enorgullecen de ser de mentes abiertas y lo curioso es que rigen sus vidas bajo las mismas máximas, pero de distinto color, llenas de prejuicios contra aquellos que no son semejantes. Es decir, poseen las mismas cárceles mentales que podría tener un conservador católico.

Afortunadamente yo no tengo prejuicios y eso me hace sentir libre. Libre de leer una reflexión como la tuya y de tomarme un café con un devoto creyente. Libre de hablar con un neoliberal y luego con una neomarxista. Nutriéndome y entendiendo a cada uno de ellos, conociéndome más a mi mismo y más a la humanidad. Pero aunque no comparta ninguno de sus ideales o creencias, jamás he insultado en lo que ellos creen solo expongo muy respetuosamente mi opinión y si quien me escucha tiene la mente abierta puede que le haga pensar un rato y hasta cambie algo en su criterio.

La humildad es necesaria porque creer que lo que dices es verdadero al cien por cien (en este caso, la no existencia de Dios) me parece muy prepotente y a la par de descomedido. Ten en cuenta que siempre nos podemos equivocar, bien sea en este tema o en cualquiera.

Y para terminar, los escritores son más discretos a la hora de usar malas palabras en sus escritos. Se puede decir lo mismo, expresar los mismos sentimientos, sin recurrir a tanta vulgaridad.

Hasta pronto.

Al parecer, a nuestro afamado escribidor, no debió parecerle muy acertada mi opinión. En otras palabras: no le gusta nada que no sea lo que él piensa. Y, por eso, me dejo esta perla en mi blog y en su blog respectivamente.

Acabo de borrar tu comentario de mi blog. Ya ves has perdido 15 min escribiendo para nada...

Estás en mi blog NO EN EL TUYO, no te comportes como si fueras un super gurú listillo sabelotodo y LEETE las normas para comentar. Parece mentira que seas blogger.

La gente es muy tonta, parece que no leen. Pongo bien claro que no me vayan de listillos o con irrespeto y me entra un fulano escribiéndome un tostón de 1000 palabras saltándose todas las normas para comentar, xD.

¡Que aquí mando yo pesados! xD

Pensé que de verdad me había saltado alguna norma en especial, pero las normas son la de todos los blogs: no insultos, no comentarios racistas, no spam… Curiosamente mi comentario respetaba todas las normas, excepto la norma tácita: que solo sea un comentario de alabanza y de plena empatía. No soy el único al que le ha hecho eso, sino a todo aquel que no le de la razón como se la podemos dar a alguien demasiado caprichoso e infantil.

Después de esto me pareció necesario tener la última palabra y le deje otro comentario, el cual, como es obvio, también eliminó.

¿Saltándome toda las normas?

Para empezar mi tono era sereno y calmado. Mi mensaje directo sin ambigüedades ni rodeos. Tampoco iba de listo, pero seguro que tus complejos así te lo hicieron parecer.

No fui en ningún momento ni descortés ni irrespetuoso, simplemente admite que no fue de tu agrado lo que te escribí porque no era lo que querías leer. Aunque no entiendo el porqué, ¿Tan limitado de ideas eres? ¿Crees que solo tú tienes la razón? ¿No sabes tener un debate intelectual con alguien? No sé si sabes que debatir es compartir, lo que tú haces es imponer.

En fin, que no perdí nada, ni los 15 minutos, ni mis palabras. Tú eres el que pierdes bastante con tu falsa superioridad, pierdes de conocer a buena gente solo porque no repiten tus palabras y asienten como borregos a tus intransigencias.

Y me extraña que alguien como tu me diga de como ser un blogger cuando te lucras de a quienes llamas tontos cobrándoles por un popurrí de consejos de viejos libros de auto ayuda. Si ese es el espíritu del blogger, me parece un espíritu bastante ruin del cual no quiero formar parte, ni respetar.

¿Porque será que aquellos a los que les gusta dar consejo son los que menos le gusta recibirlos? La prepotencia es la respuesta y en esta conversación, la tuya y la mía, si que hay alguien que se las da “listillo”, y no soy yo.

Adiós.

Pensaréis que le doy demasiada importancia a una nimiedad y no dejáis de tener razón. Si fuera cualquier otro blog ni me molestaría en recordar tal incidente. Pero, me parece increíblemente hipócrita que un blog que intenta dar “consejos” tenga como principal escritor a alguien con tantos defectos, alguien que, sin duda alguna, no lee sus artículos.

Quiero también mostraros un comentario de dicho blog, el cual estoy plenamente seguro que estará a punto de ser borrado que define muy bien al cuestionado escribidor.

Si te das cuenta no eres más libre que un enfermo y fanático religioso, porque en tu afán de llevar la contra te les pareces.

Te han tratado de meter a Dios y en tu rebeldía muestras esto, pero me parece tan infantil como injurias a dios, que prácticamente eres igual que el mas acérrimo y dogmático religioso.

Poniedo punto final a esto, esta situación me recuerda a un extracto del “El libro de los cinco anillos” que dice:

Toda persona está siempre alerta, lista para defenderse y contraatacar porque vive inmersa en el miedo y en la paranoia de que los demás la aborrecen. Por esto mismo, también nuestro adversario, por muy brillante que sea, es inseguro y reacciona con una violencia exagerada a la provocación. Al actuar así muestra todas las armas que tiene y conseguimos saber cuáles son sus fortalezas y sus puntos débiles.

Podemos comprobar, visto lo visto, que este personaje en su afán de reafirmar su superioridad y dominio muestra claramente sus complejos y pretensiones. Por eso, el motivo real de esta entrada es la de que esteis atentos ante quienes os juzguen y luego intenten daros consejos. Que como bien dijo Philip James Bailey en su obra Festus:

Son los hombres peores los que mejor aconsejan.
Hac Potiri

Volar

esde hace tiempo llevo pensando que Dios esta en nosotros mismos, que no se trata de la típica figura antropomórfica de alguien longevo de barbas blancas y largas. Creo fielmente que lo que Dios representa para nosotros, desde que hacemos uso de razón, es lo que queremos alcanzar como humanidad.

De ahí es donde pienso que Dios somos nosotros: la humanidad. Porque hacemos lo mágico, lo imposible, lo que es solo digno de dioses, realidad.

Si los Mesías de cada religión podían curar todas las enfermedades, la humanidad lo intenta cada día. Si bien tiene tropiezos y fracasos, también tiene muchos éxitos y probablemente algún día curaremos todas las enfermedades. Por contraparte uno de los poderes de los dioses también era el de destruirnos ¿acaso no esta en nuestras manos también? Con pulsar un simple botón sentiríamos, de nuestra mano, la ira de Ishtar/Inanna, Montu, Ares, Marte… Los misiles serían las lanzas y las espadas de dichos dioses de guerra y nos sentenciaríamos al olvido.

¿Cuantas veces la humanidad soñó con volar, navegar los mares, ver lo que hay más allá de las nubes, ver la curva de la tierra, ver el brillo de la estrellas de cerca... ? Esos y muchos más eran los dones de los dioses, los humanos solo soñábamos. La vehemencia por el conocer, la curiosidad de saber y experimentar, no ha llevado a hacer muchas de las cosas que se creían solo dignas de un Dios.

Nuestros contradictorios sentimientos nos llevan a ser generosos o malvados, entre ángeles y demonios. Pero así es como somos; una especie relativamente joven, relativamente inexperta, con mucho por descubrir, aprender y experimentar. Una especie que crea y destruye: la imagen y semejanza de un Dios.

Para terminar, os invito a ver un vídeo donde vemos como algo tan cotidiano, hoy en día, como volar, hace siglos era la rutina de los dioses. Es una secuencia de la película Les Chevaliers du Ciel y muestra varios vuelos realizados por cazas del ejercito francés.

Obviando por un momento el carácter bélico de tales naves, contemplad la majestuosidad de las tomas y como esos gigantes de acero surcan los cielos como hace no mucho imaginábamos que lo hacían los ángeles. Otro punto a destacar de dicha película –que si pensáis ver, reservad 20 minutos- es la banda sonora, sublimes piezas de música chill-out que no dudaré en agenciarme.

Espero sinceramente que os guste y espero que siempre voléis tan alto como intentó hacerlo Icaro, no os preocupéis por que vuestras alas se deshagan, con la suficiente voluntad serán indestructibles.





Como dato adicional este vídeo me recuerda mucho a uno del dúo escocés de música electrónica Boards of Canada en el que se muestra el salto en paracaídas de 31.300 metros que hizo el Capitán Joseph Kittinger desde el Excelsior III en 1960. Una lástima que por aquella época no existieran las cámaras de alta definición para ver mejor la panorámica que Joseph pudo contemplar. Sin duda una experiencia inigualable e envidiable, al menos por mi parte, que te hace ver lo ínfimo que eres con respecto a todo.

Os dejo ese vídeo también. Disfrutad de las primeras imágenes (que es donde se muestra el salto) y de la también sublime canción Dayvan Cowboy.




Osides

Fantasía Final

ace solo unos minutos tuve el privilegio de revivir una de las más inspiradoras aventuras gráficas: Final Fantasy VIII. Lejos de ser un fanático, siempre que puedo, en mis ratos de ocio, me divierto con algún videojuego. A pesar de que el rol no es mi tipo de juego favorito, Final Fantasy VIII es una de las historias que mas me ha cautivado por su original y conmovedora historia, su jugabilidad, sus personajes, su música, además de una larga lista de atributos de este, como ya he dicho, maravilloso juego. Sabiendo que llevaba años sin jugarlo (aproximadamente 6) y aprovechando que una versión para PC había llegado a mis manos, me puse manos a la obra para terminarlo al cien por cien.

Sin embargo, para mi gran sorpresa, al terminar dicho juego me encontré con que había gastado cerca de las 100 horas en completarlo. Mi asombro no es para menos, he invertido, entre una sesión y otra, más de 4 días enteros (sin descontar las horas de sueño, de comer…), es decir que he gastado, a 8 horas la jornada laboral, mas de 12 jornadas laborales en pasar un juego.

No quiero decir que me arrepienta de haberle dedicado tanto tiempo al siempre bienvenido ocio. Pero, es común que a veces despilfarremos el tiempo en actividades no productivas. Aún recuerdo una vez que me vi en una situación parecida en la que me gaste muchísimas más horas que en esta última experiencia. Lo que hizo que perdiera un tiempo precioso y otras cosas mucho más valiosas que la actividad en la que quemaba inútilmente las horas. Y creo fielmente que cuando algo así se convierte rutinario puedes llegar desperdiciar tu vida.

Mientras escribo esto, irremediablemente, se me vienen a la cabeza multitud de verdades aplastantes: que se puede tener un nivel decente en un idioma con 100 horas, que con 100 horas de estudio no habría problema para superar un semestre, que con 100 horas mi nivel artístico mejoraría sensiblemente… es decir, que con 100 horas mejoraría notablemente en lo que me propusiera. Y, es que como bien sabéis, hay multitud de hobbies que no solo divierten sino que además nos proporcionan y explotan nuestros talentos innatos y, al menos para mí, el haber estado 100 horas delante de una consola no me ha proporcionado nada.

En fin, para terminar, haré caso a un articulo que una vez leí en el que a un reputado artista se le preguntaba precisamente por los videojuegos, a lo que el respondía que no jugaba, que lo había dejado hace tiempo, no por que fueran malos, sino porque, de hecho, le quitan mucho tiempo y no le aportaban nada.

En mi caso, y en el del entrevistado, eran los videojuegos. Pero, cualquier cosa puede ser un agujero negro de tiempo. La cuestión es preguntarse a si mismo, si esa actividad es lucrativa y si no perjudica aquellas actividades que deberían ser de prioridad, pero que, curiosamente, son las que menos tiempo invertimos en ellas.

Quizás penséis que esta no es una reflexión muy interesante. Pero, para mi lo es, ya que tan solo hace unas horas, irónicamente, he vivido mi fantasía final.

Nail Gee

Rezagado

omprender que te has quedado atrás nunca ha sido fácil. Sin embargo, la espesa y deliberada niebla que cubre nuestros ojos nos impide ver nuestros fallos y nuestras faltas personales y por lo tanto también la misma condescendiente niebla nos oculta cuan rezagados estamos.

Si bien no debemos nunca comparar nuestros logros con los ajenos, no esta de más intentar superarnos e intentar siempre no ser los últimos de la fila. Si bien, también, no debemos superarnos para sentirnos omnipotentes con respecto a otros, tampoco esta mal un poco de triunfo en nuestras vidas.

Quiero decir, amantes de la noche, que siempre busquéis vuestro camino. Siempre pensad en vuestra vida y sed indiferentes a quienes no os quieren pero sin embargo veneramos. Procurad ser egoístas de vez en cuanto y siempre tratad de conseguir vuestras metas.

Recordad que siempre habrá, aunque bastante pocos, quienes se alegren de vuestros triunfos y siempre estarán aquellos, un numero considerable, incapaces de sonreír al veros alcanzar vuestras metas. Lo importante es cuidar a los primeros y quererles, los segundos veréis como caen durante toda vuestra vida siempre que sigáis triunfando

La clave esta en siempre mejorar y no sentirnos avergonzados al ver quienes nos han superado mientras hemos desperdiciado nuestras vidas, si no todo lo contrario, enorgullecernos al vernos realizados y conformes para no tener la necesidad de hacer comparaciones.

No soy el primero que lo dice, pero somos nuestros peores críticos. En función a nuestra crítica constante es como debemos actuar. Una vez complacida dicha crítica ya no habrá cadenas, seremos entonces quienes siempre quisimos ser en un principio.

Como bien sabemos los sacrificios son necesarios. Hay que renunciar a ciertas cosas para conseguir otras. Una manera fácil de saber a que debemos renunciar es establecer prioridades siendo sinceros con nosotros mismos y objetivos.

Para terminar os pido, amantes de la noche, que esta noche y las siguientes no solo caminéis. ¡También Escalad!

Dilye